Hace
unos meses llevamos a mi hijo al hospital por una infección viral. Mientras
estaba con el recostado en una camilla recibiendo suero el pobrecito (si, la
cosa era grave). En la sala de al lado la doctora pediatra atendía a la
siguiente paciente. La verdad en mi preocupación y pena por mi bebé no escuché
la primera parte de la consulta, pero me llamó la atención cuando la doctora
exclamó "Ay estas mamás modernas", de inmediato salí de mi burbuja y
pecando de curiosa, seguí escuchando la conversación para descifrar lo que
motivó a la pediatra a hacer ese comentario un tanto acusador "usted no
quiere a su bebé verdad porque si lo quisiera le daría el seno en lugar del
biberón". "Es que vivo muy lejos de mi trabajo y no puedo llegar a
tiempo a las horas de lactancia doctora, entonces el bebé se acostumbró al
biberón" decía la mamá en tono avergonzado.
No
me voy a alargar más en los detalles de esa conversación, no es la primera vez
que he escuchado a los pediatras hacer esos comentarios, yo misma he vivido esa
amarga experiencia con mi primer bebé, como la parte acusada por supuesto.
Yo
no sé quién les dice que esa es la forma de hablar con una mujer que acaba de
dar a luz, que tiene las hormonas alborotadas y, créanme, ya tiene suficiente
con juzgarse a ella misma por tener dificultades con la lactancia.
En
mi caso, con mi primer bebé José Adrián, la inexperiencia me pasó factura. Yo
no fui de las afortunadas mujeres que tienen buen fluido de leche apenas dan a
luz. Y ahora sé porqué, los pezones, si, los benditos pezones deben ser
preparados antes de dar a luz, para que la lactancia sea menos difícil tanto
para la mamá como para el bebé. Y esto nunca me lo aconsejó ningún doctor de
los que realizaban mi control de embarazo. Qué pequeño detalle se les pasó por
alto verdad! Ja!
Cuando
estaba embarazada, la mamá de mi esposo alguna vez me dijo lo de los pezones, y la verdad no me lo tomé muy en serio, porque pensé que con lo que tenía
era suficiente, pero estaba en un total error!
En
el mismo hospital en el que di a luz, las enfermeras tuvieron que darle biberón
a mi bebé para satisfacer su apetito, porque no le bastaba con lo que yo le
daba. No me preocupé porque había escuchado que con la succión empieza a
producirse más leche, lo cual es muy cierto.
Pero
la primera noche en casa fue toda una pesadilla, el bebé no paraba de llorar a
gritos! No le satisfacía mi leche, me sentía impotente y tuve que esperar a que
amaneciera para enviar a mi esposo a conseguir biberón y leche de tarro, porque
no soportaba ver a mi bebé llorar de esa forma. Así
fue, que al cabo de un mes el dejó de querer succionar del seno y se acostumbró
al biberón. Menos succión, menos leche y más frustración.
Por
mi propia experiencia, puedo decirles que la autocrítica es muy fuerte, a eso sumémosle
la de la sociedad. Lo cual, en medio de ese coctel de hormonas que hay en tu
cuerpo por todos los cambios que está atravesando, termina deprimiéndote.
Hice
de todo, que las coladitas, que el agua de esto y aquello. Y nada. Leí mucho al
respecto, busqué alguna respuesta que aliviara mi culpabilidad. Entre tanto
artículo encontré un estudio que decía que la depresión libera una hormona que
obstruye los canales por donde debe salir la leche hacia el pezón. Por eso
algunas madres dicen que se les secó la leche, y en realidad lo que sucede es
que se taponan los conductos, por así decirlo.
Cuando
das a luz, y te entregan a tu bebé, la sensación de tenerlo por primera vez en tus
brazos, tocar sus pequeñas manitos, sentir sus latidos es indescriptible, es
una felicidad única. Pero no lo podemos negar, tu cuerpo pasó por muchos
cambios durante 9 meses y con el dar a luz no acaba, el tiempo para regresar a
su "normalidad" depende de cada organismo.
Así
que las hormonas nos pueden jugar muchas malas pasadas durante ese tiempo.
Algunas mujeres podemos sentirnos a veces muy tristes, al punto de querer
llorar, sin la más mínima razón. Y ahí está de nuevo la sociedad señalándonos
con el dedo "porqué te sientes triste! tienes a tu bebé contigo! qué más quieres!".
Y
no es que uno decida estar triste, quién va a querer estarlo cuando tienes a un
hermoso y pequeño ser dependiendo al 100% de ti y que cada vez que te mira le
brillan sus ojitos porque tú eres su todo!
Es
que simplemente no lo podemos controlar. Una amiga muy sabiamente me dijo, si
una mujer recién dada a luz quiere llorar, pues debe hacerlo, debe desahogarse
y nadie tiene porqué juzgarla.
Mi
mejor consejo:
En
mi segundo embarazo sí que oí los consejos, me preparé y todo fue
un éxito. Pude darle el seno a mi segunda bebé.
Todo
lo que necesitas es una jeringa de 20 mm. y crema humectante. Retira con un
estilete o cuchillo toda la parte de la jeringa donde se pone usualmente la
aguja, luego lima los filos para que no te lastime.
Cuando
ya vayas a acostarte, ponte cómoda. Aplica la crema en la aureola y pezón,
luego coloca la jeringa de forma que hale el pezón como si fuera esta una
ventosa. Hazlo con cuidado sin lastimarte, no tiene que ser doloroso. Con los
días vas a sentir como si un botón brotara desde adentro.
Yo
lo hice durante los últimos quince días antes de dar a luz, todas las noches.
Lo
único que recomiendo es que si empiezas a sentir un pequeño cólico en la parte
baja de la espalda, pares de hacerlo y continúes al siguiente día.
Hay
cosas que la verdad no sé porqué las mujeres no hablamos abiertamente, como por
ejemplo, el primer mes de la lactancia. Es como si no hablar de ello o no
aceptar que es DIFICIL nos hace mejores. Los primeros quince días son los más
dolorosos, no solo duele el pecho, sientes como si te atravesaran puñales hasta
la espalda. Es buena idea que cuando tu pareja pueda estar presente mientras
alimentas a tu bebé, pedirle que te tome la mano con fuerza, créeme, ayuda
mucho su apoyo moral.
A
algunas les sangran los pezones, yo me salvé de eso gracias a la preparación del
pezón anteriormente descrita. No las quiero asustar, por el contrario, solo
quiero que se preparen tanto física como psicológicamente. Además recordemos
que no todos los cuerpos funcionan de la misma forma. Yo hubiese querido saber
todo esto antes!
Biberón
o lactancia??
Creo
que absolutamente todo en esta vida tiene su pro y su contra. Recuerdo
las innumerables malas noches que pasamos para alimentar a mi bebé con el
biberón, los cólicos, los gases, el estreñimiento. Tener que cargar con tarro
de leche y termo cada vez que salíamos de casa. Por otro lado, mi primer bebé
es más independiente, podía quedarse al cuidado de algún familiar porque no
necesitaba de mí para alimentarse. Eso sin contar que el precio del tarro de
leche puede llevar a cualquiera a la ruina (como a nosotros ;)).
Con
mi segunda bebé en cambio casi no tengo malas noches, no tengo problemas con
los gases. Y al salir de casa no tenemos que llevar tanto traste. Ella en
cambio es muy dependiente de mí.
Habiendo
pasado por las dos experiencias, sin dudarlo un momento me quedo con la
lactancia. El dolor inicial vale la pena, créanmelo que lo vale. Siempre
busco lo práctico y me parece que la lactancia lo es.
A
pesar de mi inclinación por la lactancia, pienso que solo la mamá sabe que es
lo mejor para su bebé de acuerdo a la circunstancia que atraviesa. Las que dan
de lactar no son mejores madres que las que usan biberón ni viceversa. No es
una competencia. Detesto la comparación a las que se someten o nos someten
algunas mujeres, las miradas acusadoras cuando ven a alguna mamá dando biberón
a su bebé, sin saber cuál es su situación. Los dichosos prejuicios.
"Ay
estas mamás modernas" dicen, pues vivimos en la actualidad no!. Entonces
qué somos sino mamás modernas?. Tenemos que adaptarnos a las circunstancias del
presente. Madres trabajadoras, madres que son el sustento para su familia.
Madres que son amas de casa, jefes, esposas, hijas, hermanas, tias, amigas,
MUJERES. Que no renuncian a sus sueños, que se mantienen en constante
superación.
Con
mucho orgullo puedo decir que soy una "mamá moderna", no veo nada
malo en eso! ;)




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